Google+ Followers

domingo, 3 de enero de 2016

Un acercamiento a Xochicalco desde la perspectiva SUD



Teotihuacan

Para entender Xochicalco hay que partir desde Teotihuacan. La siempre incomprendida cultura de Teotihuacan. A Teotihuacan la conocemos a través del filtro de los aztecas. Los aztecas los veneraban y no era raro que fueran a visitar esas ruinas impresionantes y buscaran restos arqueológicos y se los llevaran a Tenochtitlan como souvenirs. No sabemos cómo se llamaban. Teotihuacan (“El lugar donde los hombres se convierten en dioses”) se lo pusieron los aztecas, y ya el puro nombre nos hace que pensemos en esa ciudad como en un lugar místico, sagrado, santo. Los primeros arqueólogos se fueron con esa finta y vieron a Teotihuacan así: trataron de ver todo lo que se hallaba bajo la idea de la ciudad sagrada gobernada por una teocracia santa y sabia. 

Y nada, que los últimos descubrimientos nos hablan de una ciudad militarizada, donde se hacían rituales muy pesados no solo de sacrificios humanos cruentos, sino que dan testimonio de magia, hechicería y, sí, combinaciones secretas. El doctor Allen fue el primero en indicar que “La gran ciudad de Jacobugat”, una ciudad construida por los ladrones de Gadiantón, muy bien podría ser la ciudad de Teotihuacan. Las fechas, la geografía descrita en El libro de Mormón y la evolución de ambas ciudades coincide. Claro, no se puede hacer una afirmación tajante, pero al menos podemos decir que la afirmación del doctor James P. Allen es plausible.
En todo caso, ya hoy nadie cree en esos gobernantes sabios, sino en una dominación y explotación por parte de los gobernantes para el pueblo poco más o menos como la que vivimos hoy. ¿Cuánto esfuerzo se requiere para hacer la pirámide del sol? El mismo que se necesita para pagar los aviones presidenciales de Peña Nieto. Según el arqueólogo George Cowgill, A partir del S. VI d.C. los ricos llegan a ser tan ricos, que empiezan a imponer su voluntad al gobierno. Ya para el S. VIII era evidente que el gobierno era un mero empleado de una determinada élite y que más que gobernar, solo servía para justificar una opresión descarada para con el pueblo (¿les suena? Nada hay nuevo debajo del sol, ¿verdad?). Entonces, en el S. VIII el pueblo inicia una revuelta interna e incendia la ciudad. Así es: Teotihuacan desaparece no por una epidemia, o una gran sequía, o por una invasión, sino porque el mismo pueblo despierta y se sacude ese mal gobierno. 

La vida de Teotihuacan va del I a.C., al VII d.C. Vale decir, del libro de Helamán a Moroni, y todavía dos siglos más. Todo lo que sigue en este escrito está fuera del tiempo del Libro de Mormón. 

Un último punto: la mayor prueba de que Teotihuacan tuvo influencia maya no está en el diseño de la ciudad, sino en la tecnología: es una ciudad hecha de cemento y, como dijo George Kubler, The Art and Architecture of Ancient America, 2nd ed. (Baltimore: Penguin, 1975), p. 201: el uso del cemento es "hábito maya, ausente de ejemplos no mayas de bóvedas en voladizo desde el sudeste de los Estados Unidos hasta al sur de Sudamérica".

El epiclásico

Cuando Teotihuacan desaparece, queda un vacío de poder, y entonces surgen varias ciudades que tratan de ocupar su lugar como gran centro de poder Chichén Itzá, Uxmal, Tula, Cacaxtla y la ciudad de la que hablaremos hoy: Xochicalco. A esta etapa se le conoce como el epiclásico, es decir hablamos del clásico, sí, pero de un clásico épico. Un período de militarización evidente, de constantes luchas y conquistas. Xochicalco tiene un surgimiento muy acelerado, y un clímax que dura muy poco, pero en todo momento deja muy claro que es una ciudad militarizada.

El epiclásico es un período, por cierto, donde los mayas tienen gran influencia: en los murales de Cacaxtla vemos el enfrentamiento entre dos ejércitos, y ambos tienen toda la pinta de ser mayas. Igualmente aquí en Xochicalco. A ratos se usa el sistema de numeración teotihuacano, y a ratos se usa el sistema maya, de barras y puntos o, por otra parte, en la pirámide de Quetzalcóatl aparecen esculpidos diferentes reyes y sacerdotes mayas en la pose clásica de Pacal. 


Entendemos que Xochicalco trató de basar su hegemonía basándose en la astronomía: toda la pirámide de Quetzalcóatl celebra que ellos tuvieron el poder de convocatoria como para celebrar un congreso de astrónomos, desde la región maya hasta Coyoacán, y allí se hicieron ajustes a los calendarios que regirían prácticamente toda Mesoamérica. Y claro, su observatorio, una serie de laberintos subterráneos, es simplemente impresionante.

Junto con ello, vemos una ciudad en donde las habitaciones están claramente divididas en clases sociales. Donde —en la misma ciudad— para ir de la zona pobre a la rica, hay que pasar por diferentes puestos de revisión militar en donde los descubrimientos indican que se hacía ostentación de poder: en los puestos de revisión se han encontrado gran cantidad de cráneos y huesos largos humanos. Vale decir: si alguien quería reclamarle al gobernante el hecho de que viviera entre lujos (y creo que en pocas ciudades prehispánicas se deja ver más una ostentación de riqueza que en Xochicalco), en su camino para hablar con el tlatoani le daban su terapia de terror y una dosis de humildad; un recordatorio de que —como decía mi abuelita— duele más el cuero que la camisa.
Vaya: que los gobernantes de Xochicalco no aprendieron de Teotihuacan, quisieron repetir el mismo modelo, y por ello la ciudad terminó como ésta: sus mismos habitantes la quemaron y deliberadamente profanaron sus templos y trataron de borrar su memoria. 


La religión: ¿Forma sin fondo?
En la pirámide de los dos glifos, que muy bien podría ser un reloj solar, se da un fenómeno muy singular, una singularidad acústica que también se da en Chichén Itzá y Edzná: Uno aplaude, y el eco que se escucha no es el eco de un aplauso, sino el grito de una Guacamaya. Esto, dicho así, no quiere decir nada. Habría que entender que la guacamaya representa a Itzamná, o K’inich Ajaw. La deidad solar (el dios G). Es el planeta Venus, que desciende a la región de los muertos, para resucitar. Si alguien desea escuchar este singular efecto, simplemente de clic en el siguiente enlace:

Me imagino que el sentido es el siguiente: Uno llama al dios descendente mediante un aplauso, y el dios responde desde el cielo, con su grito de guacamaya. Me imagino que si el eco se oye, y de la pirámide no queda ni la mitad de lo que fue, cuanto más claro se escucharía si la pirámide estuviera completa.

Una de las cosas que impresionan más de la ciudad es que en ella se han encontrado, hasta la fecha, tres juegos de pelota, cada uno diferente en su arquitectura, y todos impresionantes. Esto —igual— no quiere decir nada, si no tomamos en cuenta que el juego de pelota significaba la lucha entre el bien y el mal, donde en la cultura maya (véase la historia de Hunahpú e Ixbalanqué en el Popol Vuh) se representa de continuo la lucha entre el bien y el mal, donde el vencedor siempre es el bien.

Y hasta aquí todo va bien. Una cultura que se centra en la adoración de Quetzalcóatl, que vive su religión intensamente, que juega el juego de pelota para recordarles siempre el bien y el mal. Pero…

¿Una ciudad edificada para adorar al mal?

Pero en el museo de sitio, uno ve una pulsera ya de niña, ya de una mujer muy delgada. Una pulsera hecha de huesos tallados en forma de diminutos cráneos humanos. Y sí, me imagino que cualquiera puede decir que los valores de todas las culturas son diferentes, y que no por fuerza tienen que encajar en nuestros cánones del bien y del mal. De acuerdo, pero cuando la vida humana no es respetada, pronto se cae en la barbarie y el salvajismo.



Luego, uno ve uno de los marcadores de uno de los juegos de pelota. Lo reconozco: cuando lo vi, se me puso la carne de gallina y como el dibujo no se ve claramente a la izquierda, pongo el dibujo a la derecha: en este marcador del juego de pelota se representa a dos seres alados peleando. Por una parte está un murciélago, por otra una guacamaya. El primero representa a Camazotz, el dios caído, el gran maestro de los misterios de la muerte, y el segundo, el que está siendo vencido, es Gucumatz, la versión más sagrada de Quetzalcóatl-Ehécatl. Éste yace de espaldas en el suelo y ya solo se defiende antes de ser derrotado por completo. 

Como todos sabemos, los aztecas no solo bautizaron a Teotihuacan. También a los olmecas ("Los habitantes de la tierra donde abunda el árbol del hule") y a Xochicalco ("En la casa de las flores", o "En la casa donde abundan las flores"). No sabemos en realidad cómo se llamaban, pero su glifo topónimo es una guacamaya encerrada en una jaula. El lego cree que eso quiere decir que el pueblo se dedicaba a criar guacamayas. Yo tengo para mí que no es así:  que sería algo así como "El lugar en donde fue cautivado Gucumatz", o "donde los dioses de la luz son dominados", o algo semejante.







Finalmente, un par de imágenes que me dejaron muy perturbado. Tanto, que no voy a comentar nada aquí, y solo las pongo, confiando en que el que tenga ojos para ver, que vea. Lo perturbador es que estas imágenes ya son del S. XIX d.C., unos cuatrocientos años después de que Moroní hubiera muerto. 

Hay algo que me deja profundamente intrigado. "El señor de rojo" ¿Qué es? ¿Qué simboliza? ¿Por qué el más puro arte abstracto en medio de tanto arte naturalista? No lo sé, y no sé si haya quien me lo pueda explicar. Hasta aquí mis impresiones. Ahora yo te pregunto a ti: ¿Qué opinas tú?

domingo, 4 de octubre de 2015

Los medios masivos de comunicación en El libro de Mormón, y el México contemporáneo



Una de las cosas que más impresionan de nuestro pasado prehispánico, es cierto estilo de pirámides. ¿Para que servía la pirámide del sol, en Teotihuacan? No tengo la más mínima idea: para adorar no sirve: llegas sudado y cansado para la ceremonia. Para dar un discurso desde arriba, el pueblo no te escucha ni con mi voz, de micrófono integrado. ¿Para gobernar y dar audiencia al pueblo? ¿Cómo? Una vez más, la inmensa mole de la pirámide del sol era todo, menos funcional, creo. Serviría como tumba real acaso, o como mero monumento, acaso. Yo tengo para mí que la pirámide del sol era un poquito como la Estela de Luz de Calderón: un monumento a la nada (o al poder militar, que no es lo mismo que nada, pero es igual), porque en realidad no veo cómo podría servir de algo. 

Y casi, casi, se puede decir lo mismo de “El Castillo”, en Chichén Itzá, salvo que allí el efecto sonoro lo salva: Llamas al dios con un aplauso, y él te responde con el grito del quetzal(cóatl). Nada más por eso, por la idea idéntica al simbolismo de la estrella de David, creo yo, se justifica la construcción de la pirámide del Castillo. En cambio, uno va a Tula, y ves un diseño acústico en la ciudad: una pequeña pirámide en el centro, rodeada de grandes construcciones, y si uno habla desde esa pequeña pirámide se escucha perfectamente en todas partes. 


Claro, estoy hablando de construcciones que están muy lejanas de los pueblos del Libro de Mormón, así que vayamos hacia el sureste mexicano. Cuando uno va a las tierras que habitaron los lamanitas (Xpuhil, sería mi ejemplo perfecto, pero igual está Tikal, o la pirámide del enano en Uxmal, o Cobá, cuyas pirámides se elevan sobre la selva), uno ve pirámides altísimas, de construcciones casi verticales, desde donde se podía hablar con claridad al Pueblo. En Xpuhil las escaleras son simuladas. Para subir a la parte superior de la pirámide uno sube por una escalera interior, a la que uno accede por un costado de la pirámide. Desde arriba uno tiene una vista impresionante y uno podría dar un discurso tipo rey Benjamín, y con ello entramos a nuestro tema. 

En el Libro de Mormón tenemos varias ocasiones en que se da la comunicación masiva. La primera conferencia general de los nefitas está registrada en 2 Nefi 6-10. Desafortunadamente no tenemos los detalles circunstanciales de cómo se dio, cuántos asistieron, la logística empleada para llegar a todo el pueblo. Solo sabemos que Nefi hace un paréntesis en su historia para compartirnos estas palabras de su hermano menor, Jacob. 

La segunda gran conferencia que tenemos fue al final del reinado del rey Benjamín. Y para este propósito él no solo hizo subir al pueblo “hasta el templo”, sino que “hizo construir una torre, para que por ese medio su pueblo oyera las palabras que él les iba a hablar.” (Mosíah 2:7). Con ello, creo, tenemos el primer empleo de los medios masivos de comunicación entre los nefitas. Construir una torre para hablar desde ella, para que las ideas de alguien llegue a todo el pueblo, es el equivalente de nuestras actuales torres de telefonía, radio y televisión. La analogía con el presente no es fortuita, y te pido que la mantengas en tu mente. La torre del rey Benjamín sería algo así como todas esas torres que están sobre el cerro del Chiquihuite, me imagino. 

Y después de eso, los nefitas se olvidan de hablar a la gente empleando los mass media, hasta la bien entrada la siguiente generación, que los usan casi al mismo tiempo los lamanitas y los nefitas.
Veamos primero a los lamanitas. En Alma 48: 1, 2, se lee: “Y aconteció que en cuanto hubo logrado Amalickíah el reino, empezó a incitar el corazón de los lamanitas contra el pueblo de Nefi; sí, nombró algunos hombres para que desde sus torres hablaran a los lamanitas en contra de los nefitas. Y así incitó sus corazones en contra de los nefitas…” Imagínate en el presente a un gobierno que emplea torres de comunicación para transmitir ideas en donde continuamente se habla mal de alguien para dividir a la nación e incitar a la nación a la ira. ¿Te cuesta trabajo imaginarlo? No, porque lo vemos todos los días: eso es lo que hizo Amalickíah, y eso es lo que hace el actual gobierno de México, donde se engaña a la población, se omiten los grandes errores de nuestro presidente, se nos pintan como grandes éxito lo que no es tal, y a los que se oponen al sistema se les dibuja en blanco y negro, como gente a la que sería muy bueno pasarlos por las armas: las autodefensas, los maestros que se manifiestan en contra, los 43 de Ayotzinapa y sus padres.
Lo que hacía Amalickíah, lo que hace actualmente el gobierno, era lavarles el cerebro a los lamanitas con ideas falsas para alcanzar un determinado propósito. ¿Cuál era ese propósito?: “pues había [1] endurecido el corazón de los lamanitas y [2]cegado sus mentes, y [3] los había incitado a la ira... Porque estaba resuelto, debido al crecido número de los de su pueblo, a subyugar a los nefitas y reducirlos al cautiverio.” (Alma 48: 3, 4).

¿Qué hace Televisa, Milenio, o, más específicamente, Joaquín López Dóriga, Adela Micha, Ciro Gómez Leyva, etc.? Endurece el corazón de la gente para que no veamos el dolor de los padres de los 43, ciega nuestras mentes, para que cuando alguien nos explique la verdad, no la creamos y, 3, divide al país, siembra la ira entre los mexicanos. Basta con leer un diario en la red, y ver cómo los comentarios están divididos, polarizados, llevados a la ira extrema. Los medios masivos de comunicación, tal como los empleaba Amalickíah era tan un lavado de cerebro, como lo es el que hacen las televisoras hoy día. Es adoctrinarnos y hacer que tomemos la mentira como verdad, y viceversa. 

Ahora veamos la manera que utilizó el capitán Moroni los medios masivos. Como todos sabemos: “Y sucedió que rasgó su túnica; y tomó un trozo y escribió en él: En memoria de nuestro Dios, nuestra religión, y libertad, y nuestra paz, nuestras esposas y nuestros hijos; y lo colocó en el extremo de un asta.” (Alma 46:12). 

La gran diferencia entre Moroni y Amalickíah es que éste engañaba, mientras que las tres primeras palabras del estandarte de la libertad nos llevan a esto: Recuerda quién eres, lo que te conforma como individuo, tus valores. Tomar consciencia de lo que estaba en juego en esa guerra era vital, porque eso sería el principal motor en esa guerra, y en esa guerra intervenían tres cosas: 1. Sus creencias religiosas: “nuestro Dios, nuestra religión”. 2. Sus compromisos sociales: “y libertad, y nuestra paz”. 3. Sus familias: “nuestras esposas y nuestros hijos”. La religión del capitán Moroni, me queda muy claro, era una religión de lucha social. 

De nuevo, si ondeara hoy día el estandarte de la libertad en todas las capillas, más de uno batallaría para aceptar el punto dos, porque entre los SUD nos hemos comprado esa idea de que no debemos meternos en política ni debemos tener compromisos con nuestra sociedad, con nuestro país.
Si el capitán Moroni viniera hoy y te preguntara qué has hecho en cuanto al punto dos para proteger tu libertad y la futura paz de tus hijos, ¿qué le dirías acerca de cómo percibes al doctor Mireles, a Nestora Salgado, a Felipe Álvarez, ¿podrías sostenerle la mirada? No hablo del apoyo que das a los movimientos que se rebelan en contra de la dictadura del PRIANRD, sino simplemente de cómo los percibes. 

Allí están las dos realidades, hoy por hoy: las torres de los medios masivos, y el estandarte de la libertad. ¿A cuál decides seguir?

Yo quiero que mi hija se case con el capitán Moroni



Todo lo que hacemos tiene una determinada ideología, responde a ciertos conceptos que hemos elaborado y que por lo general responde a las circunstancias que nos rodean, y es una manera de aceptar, o cuestionar, o mediar, con la manera en que nuestros contemporáneos ven al mundo.
Pongo el ejemplo concreto. Por muchos años en Europa se dio el cuento fantástico popular. Allí se nos plantea una manera de ser de la mujer, y es una visión muy rica, es la visión del pueblo (y es una lástima que eso o no exista, o se haya perdido en los pueblos de América en la época de la Colonia. ¿Había una cultura de relato oral? ¿O era tal el afán de callar lo que era autónomo a la Iglesia, que se les dejó mudos por siglos? No lo sé). En esta visión de la mujer caben muchas mujeres: la mujer a veces es cruel, taimada, o inocente, o envidiosa, o sensual y sexual. En los cuentos reunidos por Calvino, Afanásiev, los Grimm, hay de todo tipo de mujeres. 

El problema empieza cuando viene una especie de democratización del cuento popular. En el cuento fantástico popular hay mujeres de todas las condiciones sociales, pero entonces, en algún momento de la historia, a alguien se le ocurre la idea de que todas las mujeres son princesas, y eso elimina la rica variedad de mujeres que aparecen en el cuento fantástico popular. Si todas las mujeres son princesas, todas las mujeres deben comportarse como tales. Esto es muy conveniente, porque estandariza y cuando estandarizas es mucho, mucho más fácil dominar. Y no es que quiera ver la vida como una constante lucha de clases, muy a la Marx, sino simplemente que uno poco a poco es consciente de que la historia de este planeta es la historia de una interminable variante de opresiones sociales. 


Así que de repente todas las mujeres son princesas, aunque sean muy pobres y nunca en su vida vayan a batallar por simplemente conservarse dentro de la casi inexistente clase media. Y de eso a que un sumamente astuto comerciante (Walt Disney) nos venda su concepto de “Princesas de Disney”, hay solo un paso. Y sí: afortunadamente existe Pixar, y también las princesas evolucionan. Por fortuna están Bella —que lee, piensa, y no busca solo el aspecto físico—, o Mérida —que se sale por completo del molde de las otras princesas— pero lo cierto es que en general la idea de las princesas de Disney es mala, como es mala la idea de que toda niña es una princesa, porque esta idea genera conductas y expectativas. Expectativas que no se cumplen, y conductas que llevan a las niñas a la espera pasiva de que llegue un príncipe (es decir, un joven que tiene que ser físicamente atractivo, rico y noble) que les solucione la vida. 


Esto genera un esquema que causa mucho daño en hombres y mujeres. El arma o anzuelo o papel —para ellas— del papel de “la damisela en peligro”, y donde uno como hombre es educado para responder como “el hombre caballeroso que debe ayudar”. A ellas las hace pasivas y, cuando son conscientes de que esto puede ser un arma-anzuelo muy efectivo, una perfecta trampa para hombres, les da una herramienta poderosa de poder. Y al hombre le puede dar nobleza, pero cuando no es consciente de que se usa con intención, lo vuelve la víctima perfecta. Por un deber ser, cae facilito en las garras de quien sepa emplear esa estrategia.

Pero bueno, regresemos al tema. Evidentemente esta idea de las princesas de Disney no solo es una manera perfecta de exprimir el bolsillo de los papás de niñas pequeñas, sino que aparte genera conductas que no son las que un padre consciente desea para sus hijas. Diferentes padres del mundo tratan de rebelarse contra este esquema de crianza de sus hijas y lo hacen de diferentes maneras. Y de repente en la Iglesia a alguien se le ocurre dar el salto y —sintiéndose muy espiritual— cambiar la imagen del príncipe azul, por la imagen del capitán Moroni. Me imagino que, al fin y al cabo, hasta nos lo podemos imaginar montando a caballo, ¿no? Es el príncipe encantador con una cualidad más, que domina sobre las que tiene el príncipe común y corriente: es espiritual. 

El gancho es perfecto. Lo curioso es que la imagen que tenemos del capitán Moroni por lo general es sesgada. Mormón, que tuvo acceso a mucha información que nosotros no tenemos, lo ve a la distancia y aunque lo admira (no en balde le pone ese nombre a su hijo), nos indica que el capitán Moroni era irritable, intolerante y se desesperaba: “Y Moroni estaba irritado por la terquedad de los lamanitas” (Alma 44:17). En cambio, descrito por alguien que lo conoció de cerca y lo admiraba mucho (Helamán), el capitán Moroni era prácticamente un símbolo de Cristo: 

“Sí, en verdad, en verdad os digo que si todos los hombres hubieran sido, y fueran y pudieran siempre ser como Moroni, he aquí, los poderes mismos del infierno se habrían sacudido para siempre; sí, el diablo jamás tendría poder sobre el corazón de los hijos de los hombres” (Alma 48:17).
Claro, esta es una imagen parcial del capitán Moroni. Si me permiten, veamos una imagen más completa de este hombre extraordinario en ese mismo capítulo, vv. 11-13 (el subrayado es mío):
“Y era Moroni un hombre fuerte y poderoso, un hombre de un entendimiento perfecto; sí, un hombre que no se deleitaba en derramar sangre; un hombre cuya alma se regocijaba en la libertad e independencia de su país, y en que sus hermanos se libraran de la servidumbre y la esclavitud; sí, un hombre cuyo corazón se henchía de agradecimiento a su Dios por los muchos privilegios y bendiciones que otorgaba a su pueblo; un hombre que trabajaba en gran manera por el bienestar y la seguridad de su pueblo. Sí, y era un hombre firme en la fe de Cristo; y había jurado defender a su pueblo, sus derechos, su país y su religión, aun cuando tuviera que derramar su sangre”. 

Moroni era un hombre al que se le habría ido la boca de lado si viera cuántos de los hermanos de la Iglesia hoy día son política y socialmente apáticos; que defienden la teoría del esfuerzo individual, que son clasistas y racistas, y llaman “Chayros”, o "Pejezombies" a los que luchan por su patria (porque para muchos, cualquiera que critica al gobierno, auqnue AMLO no tenga vela en el entierro, ya es un "pejezombie"). Moroni, si hubiera nacido en el mi país, en mi época, estaría luchando por la vía armada en contra del gobierno de Enrique Peña Nieto, o estos versículos están hablando de otra persona o, si estoy equivocado, por favor que alguien me corrija.

sábado, 27 de junio de 2015

Un acercamiento al discurso del Rey Benjamín

La primera vez que aparece el rey Benjamín en el Libro de Mormón, (Omni 1: 23-25) se nos describe como un líder militar. Sin que se nos den muchos detalles, sabemos que fue el líder de guerras muy sangrientas, y que salió victorioso en las mismas. Casi como un simple comentario, sabemos que era un hombre justo. Ya en Mosíah, capítulo 1, sabemos que vivió una vida larga y pacífica.

En ese capítulo hay muchas cosas que leer entre líneas. Nos enteramos, por ejemplo, que en 470 años el idioma nefita había cambiado tanto, que las personas requerían de instrucción especial para poder leer, digamos, las palabras de Nefi o de Lehi (1: 1). Una lengua es una cosa viva, que cambia, que evoluciona, a veces se multiplica, pero finalmente envejece y muere. Nos enteramos que las planchas de bronce estaban escritas en egipcio (1:4) y que en América no solo estaban los mulekitas y los lehitas, sino que habían llegado muchos otros pueblos que se habían unido a ellos (1:11)

La evolución de la lengua, la influencia del egipcio, la llegada de otros pueblos, da la impresión de que el conocimiento de la lectura y la escritura eran privilegio de nobles, y una parte fundamental del oficio de gobernar. Los gobernantes, según parece, tenían que ser hombres de letras. El manejo de un discurso perfectamente estructurado (si no esquematizado, sí me queda claro que había ciertos esquemas discursivos, como el uso del quiasmo, por ejemplo), era fundamental en la comunicación.

Toda su vida se resume en no más de cinco versículos. De hecho, en su faceta como padre, no es mucho lo que se nos dice: “Y aconteció que después que el rey Benjamín hubo acabado de enseñar a sus hijos, envejeció”. La frase, que al parecer era una frase hecha (Cfr. 2 Nefi 4:12), si entiendo bien, indica que ser padre es una labor de toda una vida.  Vaya, sabemos que fue un militar, un rey y un padre extraordinario, y eso no ocupa más de media cuartilla. La verdadera fuente que tenemos para conocerlo como persona, es solo un discurso, su último discurso, cuando él ya era un venerable anciano.

Debo decir que en diferentes lecturas del Libro de Mormón, mi concepto acerca de ese discurso ha cambiado sustancialmente. En mis primeras lecturas veía enseñanzas marcadas por versículos. En una segunda etapa trataba de ver líneas de pensamiento, y eso me irritaba bastante, me era muy frustrante cómo Benjamín era tan anciano, que habla como lo hacen los ancianos: divagando, saliéndose del tema, dejando temas inacabados. Entonces vino una tercera etapa, en la que yo me hacía la pregunta: si yo fuera a morir, ¿qué mensaje daría a mi gente? ¿Qué es lo más importante para mí como para dejar como “famous last words”? Aquí sí noto una estructura clara, que tiene una perfecta coherencia con toda su vida, que estaba dedicada al servicio:

a.      Vv. 2: 10-19: ¿Por qué el rey Benjamín estaba tan dispuesto a servir? Porque estaba consciente de que esa es la única manera de servir a Dios.
b.      Vv. 2: 20-25 Dedicó todos sus días a servir a su pueblo 1) Porque amaba a Dios 2) Porque comprendía la bondad de Dios y la insignificancia del hombre.
c.       2:34 Solo hay una manera en que yo, lector, puedo mostrar gratitud a Dios por su bondad: entregando al Señor todo lo que tengo, y todo lo que soy.
d.      Vv. 3: 5-11 El Señor mismo nos dio un ejemplo de servicio perfecto, con perfecta humildad, haciendo toda Su obra, habitando “en un tabernáculo de barro”.
e.       Vv. 3:18-19 Solo a través de la sangre expiatoria de Cristo podemos nacer de nuevo y ser salvos.
f.        El capítulo 4 es un largo paréntesis: Nadie se salva en el orgullo: no hay un humano que valga más que otro.
g.      Capítulo 5: Cómo se logra ese nacer de nuevo, y cómo evitar la segunda muerte.

Ahora, ese es el esquema de sus pensamientos, de su enseñanza. Pero en mis últimas lecturas del Libro de Mormón, me he centrado más bien en el proceso de la enseñanza. ¿Cómo enseñó el rey Benjamín? Primero, preparó sus ayudas visuales, su lugar de enseñanza: Primero les hizo ir “hasta el templo” (1:18; 2:1; 2:9, es decir, esa insistencia en la frase “hasta el templo” tres veces, indica que de verdad el templo estaba en un lugar MUY alto, o de no fácil acceso). Segundo, hace construir la torre para hablar a su pueblo. Tercero, hace que los que no pueden escucharlo (2:8) recibieran sus palabras por escrito (aquí yo me pregunto: ¿a diferencia delos pueblos mesoamericanos, todos los nefitas sabrían leer? ¿O mandó sus palabras con emisarios para que ellos pudieran leerlas al pueblo? 1: 1-2 me hace pensar que más bien fue esto último).


¿Y eso es todo? Yo intuyo que no: si me parara yo en una torre y diera ese discurso, el efecto que tendría sería muy diferente. Lo que hizo que su discurso fuera tan poderoso, son dos factores, creo.

Primero. Que el discurso fue la traducción a palabras de lo que ellos habían visto en él en toda una vida donde él no hacía otra cosa que servirles. Las acciones de él hicieron que sus palabras tuvieran un peso que de otra manera no habrían tenido.

Segundo. El uso del quiasmo. Y de nuevo esa duda que me asalta: el uso del quiasmo en el Libro de Mormón no es nada más una manera de mostrar que el que lo emplea es un hombre de letras con una gran agilidad mental, no. Es una manera muy poderosa de dejar una enseñanza. Es algo a lo que nosotros somos ciegos, pero en la mente de los habitantes de esa cultura tenía gran efecto. Y de nuevo, me pregunto: ¿Cómo era esto? ¿Cómo funcionaba? ¿La persona empezaba a usar el quiasmo y la gente, así nada más, lo captaba? No creo, por la manera en que se hilan los conceptos debo entender que había algo más. ¿El que expresaba el quiasmo usaba alguna ayuda visual? ¿Algún gráfico? ¿Algo de lenguaje corporal como el uso de ciertos ademanes para indicar el uso del quiasmo? A mí me parece que sí, sobre todo porque estamos hablando de un texto oral. Vaya: lo leyeron los que no alcanzaban a oírlo, pero los que escucharon este discurso, absolutamente todos los que habían llegado a la edad de responsabilidad, cayeron a tierra (4:1) y tuvieron un cambio en sus corazones (5:2); se convirtieron (y uso esta palabra no en un sentido lato, sino de la manera más denotativa posible). Entonces, veamos de nuevo el discurso del rey Benjamín, y dividámoslo no en partes significativas, sino veamos su discurso en función de autoría, circunstancias y propósito:

1.      Mosíah 2: Habla él al pueblo, les hace tomar conciencia de todo el servicio que él les había dado, acaso para prepararlos para lo que sigue. Este capítulo es, por decirlo así, una introducción preparatoria.
2.      Mosíah 3: Benjamín da al pueblo las palabras que un ángel le comunicó. Aquí aparece el primer quiasmo. Vale la pena hacerse la pregunta: ¿Quién es el autor del quiasmo? ¿Benjamín, o el ángel? Si es una cita verbatim, (i.e., si Benjamín estaba citando textualmente al ángel, palabra por palabra) eso abre la puerta para muchas preguntas: ¿En qué circunstancias, que función, que propósito tiene el uso de la poesía en las esferas celestes? ¿En las esferas terrestre y celestial se habla en verso, o el ángel simplemente sabía que esa era una manera de dar un mensaje de manera muy fuerte al pueblo nefita, y por eso le habló de esa manera? Es decir, ¿es solo una muestra de que los seres celestiales nos hablan en nuestro idioma y de acuerdo a nuestra capacidad espiritual, cultural, mental, educacional, etc.? Yo creo esto último. Es decir, si se me apareciera un ángel en este momento, estoy seguro de que no usaría un quiasmo: soy ciego a ellos, y todos mis conciudadanos también lo son; no tendría sentido que lo usara. Pero bueno: no voy a explicar mucho el uso del quiasmo. Solo quiero aclarar dos cosas: Primero, que lo más importante estará siempre en el centro del quiasmo. Lo segundo más importante, alrededor del centro. Lo tercero, el inicio y el fin del quiasmo. En este caso, el quiasmo está en Mosíah 3: 18-19, y su centro es Cristo, como casi siempre en el Libro de Mormón (salvo, por ejemplo, en los quiasmos condenatorios de Abinadí, los cuales son muy fuertes por ello: era un maestro que gustaba de hacer quiasmos cuyo centro era mostrar a sus alumnos que de antemano estaban condenados). En este caso del que hablamos, del rey Benjamín, en el centro, junto a Cristo, está la Expiación y la definición de lo que es el hombre natural. El inicio y fin del quiasmo es juzgar: El Padre juzga, su juicio es justo, y nosotros haríamos bien en confiar en Su juicio.
3.      Mosíah 4: Benjamín sopesa la respuesta del pueblo y, en función de ello, —y esto es muy importante— improvisa el resto del discurso. No lo llevaba escrito: les habla sin llevar un texto preparado. El quiasmo (4:11-12) inicia hablando del conocimiento de la gloria de Dios. Vale decir, ellos en ese momento acababan de tener ese conocimiento. Nuevamente, este quiasmo y el que sigue son improvisados, son pronunciados “sobre la marcha” y, sin embargo, la manera en que se engarzan los conceptos no se siente mecánica, o torpe: es claro que el rey Benjamín, aparte de ser un gran guerrero, estadista y padre de familia, era un hombre de letras extraordinario. El quiasmo nos indica que este conocimiento no es como el conocimiento secular: nos da gozo, nos llena de amor. El centro del quiasmo es la humildad y, junto al centro, dos conceptos el “recordar siempre” y el reconocer la grandeza de Dios, lo cual nos ayudará a mantenernos en humildad. Este quiasmo, creo, potencia las enseñanzas del rey acerca del dar limosna y de considerarnos a nosotros mismos como pordioseros ante el padre, que es lo que sigue en el capítulo.  
4.      Mosíah 5: Una vez que termina, indaga entre el pueblo para ver hasta qué grado le creen y, en función de los resultados, concluye su discurso. La conversión suele un proceso que dura toda una vida. En el caso de este pueblo, todos se convirtieron gracias a dos cosas: una vida de servicio por parte del rey, y este portentoso discurso, abundante en quiasmos que era algo muy fuerte para los nefitas. El tercer quiasmo, que es la conclusión del discurso del rey, se encuentra en 5:9-12. Inicia y termina con “el nombre por el cual seremos llamados”. El centro del quiasmo es la transgresión, y alrededor del centro, los conceptos de recordar ese nombre, y la idea de que ese nombre “puede ser borrado” por esa causa: por la transgresión. Es decir, es un llamado a tener cuidado de que no nos pase lo que pasaría con la siguiente generación, la de Alma hijo.  

Nuevamente, veamos los tres quiasmos en conjunto, como los tres hilos conductores del discurso del rey Benjamín: 1. La expiación del Señor nos ayuda a vencer al hombre natural. 2. El ser humildes y poder vernos a nosotros mismos “desde afuera” nos ayuda a permanecer firmes en el conocimiento de la gloria de Dios. 3. Es importante que nos mantengamos con esa humildad y libres de pecado, a fin de que podamos retener ese nombre, por el cual seremos llamados. Destaca, creo, que para abrir y cerrar el último quiasmo, Mosíah emplea estas dos declaraciones: (Mosíah 5: 8 y 13):

“…No hay otro nombre dado por el cual venga la salvación; por tanto, quisiera que tomaseis sobre vosotros el nombre de Cristo… Porque ¿cómo conoce un hombre al amo a quien no ha servido, que es un extraño para él, y se halla lejos de los pensamientos y de las intenciones de su corazón?”

Por ello, el rey Benjamín, que tenía su mensaje perfectamente estructurado, termina con estas palabras: “Por tanto, quisiera que fueseis firmes e inmutables, abundando siempre en buenas obras para que Cristo, el Señor Dios Omnipotente, pueda sellaros como suyos, a fin de que seáis llevados al cielo, y tengáis salvación sin fin, y vida eterna mediante la sabiduría, y poder, y justicia, y misericordia de aquel que creó todas las cosas en el cielo y en la tierra, el cual es Dios sobre todo. Amén.” (Mosíah 5: 15).