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lunes, 21 de agosto de 2017

La autoestima y la Expiación




No deja de ser curioso el pensar que nadie cuestione la existencia y la necesidad de la autoestima, mientras que cada vez más personas descreen de la necesidad de una Expiación. Creer en las realidades físicas es muy fácil, porque las percibimos con los sentidos: las medimos, pesamos, gustamos y percibimos a través de nuestro cuerpo. Pero las realidades espirituales son mucho más sutiles y para el incrédulo son inexistentes, y quien cree en ellas es pueril o candoroso.

Una cosa es cierta: para poder apreciar este escrito es necesario creer que existen realidades espirituales y, en ese sentido, si un órgano del cuerpo (por ejemplo, la tiroides) puede enfermarse y crear una hipo o hipertiroidismo, así los órganos espirituales. Me imagino que estarás de acuerdo conmigo en que la tristeza, el orgullo, el resentimiento, la soberbia, la depresión, son estados del alma que no corresponden a un espíritu sano. Por ello hoy quisiera enfocarme en un órgano del espíritu muy sensible y que, por lo mismo, es muy fácil que esté enfermo: el ego.

El ego (palabra en latín que significa “yo”) no es otra cosa que la conciencia de uno mismo, y por ese simple hecho casi siempre está enfermo: ¿Quién tiene la objetividad para percibirse a sí mismo tal como es? Y el punto es que el Ego es una glándula que genera  una hormona espiritual necesaria para vivir: La autoestima. Ahora, déjame te hago la pregunta: ¿Para ti qué es la autoestima?

Si uno se fuera por la trampa etimológica, uno pensaría que la Autoestima es la estima que viene en “auto” (por sí mismo), vale decir, la estima que uno siente por sí mismo, pero en realidad no es así. La autoestima en realidad es un juego de espejos: la autoestima no viene de cómo nos vemos a nosotros mismos, ni de cómo nos ven los demás, sino lo que es peor: de cómo percibimos que nos perciben los demás. De cómo creemos que nos ven los demás. Bien mirado, es un instrumento doblemente subjetivo y muy frágil de evaluar lo que somos, porque no nos dice lo que valemos, o cómo nos ven los demás, sino de cómo creemos que nos ven.

Y entonces tenemos a dos personajes en este juego: Por una parte estoy “yo” y por la otra “los demás”, los cuales son incontables, y todos ellos de alguna manera modifican nuestra autoestima. Algunos la debilitan, mientras que otros la fortalecen.

Ahora, hagamos un pequeño ejercicio: si yo te diera un globo en este momento, y tú tuvieras qué inflarlo de acuerdo con el tamaño de tu autoestima, ¿de qué tamaño sería? ¿Lo llenarías hasta a punto de reventar? ¿Lo dejarías casi desinflado? ¿De qué tamaño o qué tan sana es tu autoestima hoy? Aquí es donde entramos a los problemas de salud del ego.

Si tu ego es ese globo, para los psiquiatras del mundo tienes dos opciones, o lo mantienes para ti, o lo entregas a “los demás”, y las dos cosas son terriblemente malas. Si haces de tu ego el eje de tu vida y caes en el egoísmo, el egotismo, la soberbia, los 10 egos enfermos, los cuales son:

1.      Ego SABELOTODO: Es aquel ego que siempre cree tener la razón, le gusta dar consejos sobre todo, siempre contesta aunque no sepa, cree tener respuesta para todo, no se puede quedar callado. 
2.      Ego INSACIABLE: Es el ego “centro de mesa”, no le gusta pasar desapercibido, hace cualquier cosa para llamar la atención. 
3.      Ego INTERRUPTOR: Su necesidad de autorreferencia es tan fuerte que interrumpe permanentemente, nunca deja que los otros terminen de hablar. 
4.      Ego ENVIDIOSO: Es el que no soporta los triunfos y éxitos de otros. Degrada a los que cree que son mejores que él. 
5.      Ego PRESTIGIOSO: Es el ego que busca aplausos, reconocimiento y admiración en todo lo que hace. Siempre quiere ser el mejor. Frecuentemente les dice a los demás: “te lo advertí”, “yo sabía”, “te lo dije, pero tú nunca me escuchas”, etc. 
6.      Ego JINETE: Se monta de lo que dicen otros. Se aprovecha de los datos de los demás para su propio beneficio. Saca partido de lo que otros dicen para estructurar sus propias intervenciones. Es copión y usurpador. 
7.      Ego SORDO: Nunca escucha, le gusta hablar sólo a él, habitualmente finge escuchar. 
8.      Ego MANIPULADOR: Es aquel ego astuto que siempre se las arregla, ya sea tergiversando, acomodando, engañando, mintiendo o justificando para que las cosas resulten siempre a su favor. 
9.      Ego ORGULLOSO: Es aquel ego competitivo, discutidor, que no le gusta perder. 
10.  Ego PREMENTAL (silencioso): Es aquel ego que calladamente tiene un discurso paralelo, es criticón, hipócrita y enjuiciador. 

Pero si por evitar eso le das tu ego a los demás, es decir, si el eje de tu vida es lo que opinen los demás, entonces sientes que no vales, te vuelves inseguro y, sobre todo, vulnerable: el mundo y los medios de comunicación se volverán tiranos que te indicarán qué comer, cómo vestirte, qué consumir, cómo pensar, qué es aceptable para ti y qué no.

Es decir, una vida centrada en el ego tiene “el globo de la autoestima” demasiado inflado. Por otra parte, si entregamos nuestro ego a los demás, nuestra autoestima se desinfla por completo, porque quedamos a merced de lo que la gente diga de uno y ya tú sabe: Nadie es monedita de oro. Yo me acuerdo de un compañero en la licenciatura. “Jorge”, se llamaba. Era guapísimo, rico, brillante, simpático… y cada mes iba al psiquiatra porque sentía que no valía nada.

Yo me imagino que tal vez tú conoces a alguien así. Alguien que debería tener una autoestima plena, y que prácticamente no tiene autoestima. ¿Sabes por qué pasa eso? A mí se me ocurren dos razones: La primera es porque nunca tuvo autoestima. Déjame me explico: la autoestima empieza a nacer cuando la mamá tiene al bebé en sus brazos y le canta, le dice que es hermoso, lo acaricia. Y si la mamá es fría, distante, no expresiva, el niño crece con un problema de autoestima, porque percibe que no vale lo suficiente. Peor todavía, si la mamá, o el papá, o los hermanos se la pasan diciéndole: “Eres tonto, eres malo, eres feo”. Porque eso se vuelve una profecía autocumplida y la persona crece así, creyendo que es tonto, malo y feo, aunque en realidad no lo sea. Cuán importante es la labor de una madre en ese sentido, ¿verdad?

La otra es cuando pasa algo terrible en la vida: un accidente que nos roba movilidad o belleza, un despido inesperado, un divorcio, el descubrir que tu pareja te engaña, el ser tartamudo… cosas así que es como si a tu globo de autoestima le clavaran un alfiler y tú te quedas con la autoestima “ponchada”, porque aunque la gente te diga que lo hiciste bien, que te ves bien, que fue un logro increíble, ya no lo crees: tu ego nutre a tu autoestima, pero toda la autoestima huye por ese agujero.

Ahora, lo curioso es que en las Escrituras nunca aparece el término: “Autoestima”. Dado que puede confundirse con el orgullo, no es fomentada en las Escrituras (véase Lucas 9:23, o Mateo 16:24). Pero el presidente Ezra Taft Benson dijo: “Si amamos a Dios, hacemos Su voluntad, y tememos su juicio más que el del hombre, sentiremos autoestima” (Liahona, julio de 1989, p. 7).

Es decir: si entiendo bien, tanto el mantener la autoestima en uno mismo como en los demás, es algo que daña nuestra autoestima, pero si añadimos algo más a este esquema (nuestro Padre Eterno), entonces tenemos una manera de mantenerla sana. Si me permiten, voy a poner un solo ejemplo, aunque hay muchos en las Escrituras: Enoc. Si lees Moisés 6:31-32, ves que Enoc tenía un problema de autoestima baja: demasiado joven, tartamudo, era víctima de Bullying… pero simplemente se olvidó de sí mismo en el servicio a la obre de Dios, y en 7:13 vemos en lo que se convirtió:

13 y tan grande fue la fe de Enoc que dirigió al pueblo de Dios, y sus enemigos salieron a la batalla contra ellos; y él habló la palabra del Señor, y tembló la tierra, y huyeron las montañas, de acuerdo con su mandato; y los ríos de agua se desviaron de su cauce, y se oyó el rugido de los leones en el desierto; y todas las naciones temieron en gran manera, por ser tan poderosa la palabra de Enoc, y tan grande el poder de la palabra que Dios le había dado.

De nuevo: la autoestima perfectamente sana solo se logra cuando logras olvidarte de tu autoestima, y te pierdes en el servicio del Señor. “Porque todo aquel que busca salvar su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará”. Mateo 10: 39). Incluso si hay un agujero enorme en tu autoestima, cuando vienes al Salvador, de alguna manera Él “parcha” la fuga de tu globo de autoestima. Ahora, yo no sé si te has preguntado cuál es el proceso; cómo se realiza esto, pero creo que la respuesta está en el libro de Éter. En 12:27 se lee:

27 y si los hombres vienen a mí, les mostraré su debilidad. Doy a los hombres debilidad para que sean humildes; y basta mi gracia a todos los hombres que se humillan ante mí; porque si se humillan ante mí, y tienen fe en mí, entonces haré que las cosas débiles sean fuertes para ellos.

La primera parte le pasó a Moisés y a muchos de nosotros. Uno cree que uno vale mucho, o que es muy inteligente, o muy guapo, o muy simpático, o muy capaz: uno muchas veces está parado sobre su ego sin darse cuenta, y cuando uno se acerca al Señor y ve Su poder, su Misericordia, Su grandeza, lo mucho que dependemos de Él, entonces nuestro globo del ego se desinfla y toma el tamaño que le corresponde: el de un ego sano: “Y si lo hombres vienen a mí, les mostraré su debilidad”. Y aunque uno podría pensar que un ego desinflado es un ego débil, ahí está la promesa de que si te humillas ante Él, y tienes fe en Él, entonces tus puntos más débiles, se volverán fortalezas.

Ahora, si podemos ver todavía un poco más de cerca este proceso, estoy seguro que podemos aprender mucho de lo que tenemos que hacer para mantener un ego sano: cuando Moroni estaba terminando de compendiar el libro de Éter, se sintió sin toda la capacidad y tuvo una pequeña crisis de autoestima:

36 Y sucedió que le imploré al Señor que diera gracia a los gentiles, para que tuvieran caridad.

Ahora, pon mucha atención por favor a lo que le dice el Señor:

37 Y aconteció que el Señor me dijo: Si no tienen caridad, es cosa que nada tiene que ver contigo; tú has sido fiel; por tanto, tus vestidos estarán limpios. Y porque has visto tu debilidad, serás fortalecido, aun hasta sentarte en el lugar que he preparado en las mansiones de mi Padre.

Uno de mis capítulos favoritos de las Escrituras es Proverbios 4. Allí el hombre más sabio de la humanidad (Salomón) da consejos a su hijo acerca de cómo vivir una vida buena. ¿Qué consejos le da?
1.      Sé sabio (v. 1)
2.      Escucha a tus padres (v. 10)
3.      Aléjate del mal (v. 14)
4.      Persevera hasta el fin (vv. 23-27) Y en esos versículos da una serie de cosas que hay que hacer para perseverar hasta el fin. Acaso la principal, la que hay que hacer cada día, es: “Examina la senda de tus pies” (v. 26). Esa es la manera en que se cumple Éter 12:37. La manera de ver nuestra debilidad para ser fortalecidos, es examinar continuamente la senda de nuestros pies.

De nuevo, ¿Cuál es la relación que existe entre la autoestima y la Expiación de Jesucristo? Nuestra autoestima tiende a enfermarse: a estar desinflada o a inflarse de más, y es solo a través de la Expiación del Salvador que puede estar perfectamente sana, si nosotros I. Nos examinamos a nosotros mismos II. Venimos a Cristo. III Llegamos a ser uno con el señor.

Ya me extendí demasiado pero, si puedes, medita detenidamente estos versículos de Juan 15:

1 Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador.

2 Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto.

3 Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado.

4 Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo si no permanece en la vid, así tampoco vosotros si no permanecéis en mí.

5 Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto, porque sin mí nada podéis hacer.

6 El que en mí no permanece será echado fuera como mal pámpano, y se secará; y los recogen y los echan al fuego, y arden.

7 Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queráis, y os será hecho.

8 En esto es glorificado mi Padre: en que llevéis mucho fruto y seáis así mis discípulos.

Piensa en cada simple palabra de estos versículos, pero sobre todo en este concepto: “Porque sin mí, nada podéis hacer”. Y cuando estás cerca del Señor no hay problemas de orgullo o de egoísmo: mientras más cerca estás de él, tu ego está más sano y, mientras más te alejas de él, más tienes probabilidades de que se enferme, ya porque se infle de más, ya porque se desinfle continuamente, “porque sin mí, nada podéis hacer”.






domingo, 3 de enero de 2016

Un acercamiento a Xochicalco desde la perspectiva SUD



Teotihuacan

Para entender Xochicalco hay que partir desde Teotihuacan. La siempre incomprendida cultura de Teotihuacan. A Teotihuacan la conocemos a través del filtro de los aztecas. Los aztecas los veneraban y no era raro que fueran a visitar esas ruinas impresionantes y buscaran restos arqueológicos y se los llevaran a Tenochtitlan como souvenirs. No sabemos cómo se llamaban. Teotihuacan (“El lugar donde los hombres se convierten en dioses”) se lo pusieron los aztecas, y ya el puro nombre nos hace que pensemos en esa ciudad como en un lugar místico, sagrado, santo. Los primeros arqueólogos se fueron con esa finta y vieron a Teotihuacan así: trataron de ver todo lo que se hallaba bajo la idea de la ciudad sagrada gobernada por una teocracia santa y sabia. 

Y nada, que los últimos descubrimientos nos hablan de una ciudad militarizada, donde se hacían rituales muy pesados no solo de sacrificios humanos cruentos, sino que dan testimonio de magia, hechicería y, sí, combinaciones secretas. El doctor Allen fue el primero en indicar que “La gran ciudad de Jacobugat”, una ciudad construida por los ladrones de Gadiantón, muy bien podría ser la ciudad de Teotihuacan. Las fechas, la geografía descrita en El libro de Mormón y la evolución de ambas ciudades coincide. Claro, no se puede hacer una afirmación tajante, pero al menos podemos decir que la afirmación del doctor James P. Allen es plausible.
En todo caso, ya hoy nadie cree en esos gobernantes sabios, sino en una dominación y explotación por parte de los gobernantes para el pueblo poco más o menos como la que vivimos hoy. ¿Cuánto esfuerzo se requiere para hacer la pirámide del sol? El mismo que se necesita para pagar los aviones presidenciales de Peña Nieto. Según el arqueólogo George Cowgill, A partir del S. VI d.C. los ricos llegan a ser tan ricos, que empiezan a imponer su voluntad al gobierno. Ya para el S. VIII era evidente que el gobierno era un mero empleado de una determinada élite y que más que gobernar, solo servía para justificar una opresión descarada para con el pueblo (¿les suena? Nada hay nuevo debajo del sol, ¿verdad?). Entonces, en el S. VIII el pueblo inicia una revuelta interna e incendia la ciudad. Así es: Teotihuacan desaparece no por una epidemia, o una gran sequía, o por una invasión, sino porque el mismo pueblo despierta y se sacude ese mal gobierno. 

La vida de Teotihuacan va del I a.C., al VII d.C. Vale decir, del libro de Helamán a Moroni, y todavía dos siglos más. Todo lo que sigue en este escrito está fuera del tiempo del Libro de Mormón. 

Un último punto: la mayor prueba de que Teotihuacan tuvo influencia maya no está en el diseño de la ciudad, sino en la tecnología: es una ciudad hecha de cemento y, como dijo George Kubler, The Art and Architecture of Ancient America, 2nd ed. (Baltimore: Penguin, 1975), p. 201: el uso del cemento es "hábito maya, ausente de ejemplos no mayas de bóvedas en voladizo desde el sudeste de los Estados Unidos hasta al sur de Sudamérica".

El epiclásico

Cuando Teotihuacan desaparece, queda un vacío de poder, y entonces surgen varias ciudades que tratan de ocupar su lugar como gran centro de poder Chichén Itzá, Uxmal, Tula, Cacaxtla y la ciudad de la que hablaremos hoy: Xochicalco. A esta etapa se le conoce como el epiclásico, es decir hablamos del clásico, sí, pero de un clásico épico. Un período de militarización evidente, de constantes luchas y conquistas. Xochicalco tiene un surgimiento muy acelerado, y un clímax que dura muy poco, pero en todo momento deja muy claro que es una ciudad militarizada.

El epiclásico es un período, por cierto, donde los mayas tienen gran influencia: en los murales de Cacaxtla vemos el enfrentamiento entre dos ejércitos, y ambos tienen toda la pinta de ser mayas. Igualmente aquí en Xochicalco. A ratos se usa el sistema de numeración teotihuacano, y a ratos se usa el sistema maya, de barras y puntos o, por otra parte, en la pirámide de Quetzalcóatl aparecen esculpidos diferentes reyes y sacerdotes mayas en la pose clásica de Pacal. 


Entendemos que Xochicalco trató de basar su hegemonía basándose en la astronomía: toda la pirámide de Quetzalcóatl celebra que ellos tuvieron el poder de convocatoria como para celebrar un congreso de astrónomos, desde la región maya hasta Coyoacán, y allí se hicieron ajustes a los calendarios que regirían prácticamente toda Mesoamérica. Y claro, su observatorio, una serie de laberintos subterráneos, es simplemente impresionante.

Junto con ello, vemos una ciudad en donde las habitaciones están claramente divididas en clases sociales. Donde —en la misma ciudad— para ir de la zona pobre a la rica, hay que pasar por diferentes puestos de revisión militar en donde los descubrimientos indican que se hacía ostentación de poder: en los puestos de revisión se han encontrado gran cantidad de cráneos y huesos largos humanos. Vale decir: si alguien quería reclamarle al gobernante el hecho de que viviera entre lujos (y creo que en pocas ciudades prehispánicas se deja ver más una ostentación de riqueza que en Xochicalco), en su camino para hablar con el tlatoani le daban su terapia de terror y una dosis de humildad; un recordatorio de que —como decía mi abuelita— duele más el cuero que la camisa.
Vaya: que los gobernantes de Xochicalco no aprendieron de Teotihuacan, quisieron repetir el mismo modelo, y por ello la ciudad terminó como ésta: sus mismos habitantes la quemaron y deliberadamente profanaron sus templos y trataron de borrar su memoria. 


La religión: ¿Forma sin fondo?
En la pirámide de los dos glifos, que muy bien podría ser un reloj solar, se da un fenómeno muy singular, una singularidad acústica que también se da en Chichén Itzá y Edzná: Uno aplaude, y el eco que se escucha no es el eco de un aplauso, sino el grito de una Guacamaya. Esto, dicho así, no quiere decir nada. Habría que entender que la guacamaya representa a Itzamná, o K’inich Ajaw. La deidad solar (el dios G). Es el planeta Venus, que desciende a la región de los muertos, para resucitar. Si alguien desea escuchar este singular efecto, simplemente de clic en el siguiente enlace:

Me imagino que el sentido es el siguiente: Uno llama al dios descendente mediante un aplauso, y el dios responde desde el cielo, con su grito de guacamaya. Me imagino que si el eco se oye, y de la pirámide no queda ni la mitad de lo que fue, cuanto más claro se escucharía si la pirámide estuviera completa.

Una de las cosas que impresionan más de la ciudad es que en ella se han encontrado, hasta la fecha, tres juegos de pelota, cada uno diferente en su arquitectura, y todos impresionantes. Esto —igual— no quiere decir nada, si no tomamos en cuenta que el juego de pelota significaba la lucha entre el bien y el mal, donde en la cultura maya (véase la historia de Hunahpú e Ixbalanqué en el Popol Vuh) se representa de continuo la lucha entre el bien y el mal, donde el vencedor siempre es el bien.

Y hasta aquí todo va bien. Una cultura que se centra en la adoración de Quetzalcóatl, que vive su religión intensamente, que juega el juego de pelota para recordarles siempre el bien y el mal. Pero…

¿Una ciudad edificada para adorar al mal?

Pero en el museo de sitio, uno ve una pulsera ya de niña, ya de una mujer muy delgada. Una pulsera hecha de huesos tallados en forma de diminutos cráneos humanos. Y sí, me imagino que cualquiera puede decir que los valores de todas las culturas son diferentes, y que no por fuerza tienen que encajar en nuestros cánones del bien y del mal. De acuerdo, pero cuando la vida humana no es respetada, pronto se cae en la barbarie y el salvajismo.



Luego, uno ve uno de los marcadores de uno de los juegos de pelota. Lo reconozco: cuando lo vi, se me puso la carne de gallina y como el dibujo no se ve claramente a la izquierda, pongo el dibujo a la derecha: en este marcador del juego de pelota se representa a dos seres alados peleando. Por una parte está un murciélago, por otra una guacamaya. El primero representa a Camazotz, el dios caído, el gran maestro de los misterios de la muerte, y el segundo, el que está siendo vencido, es Gucumatz, la versión más sagrada de Quetzalcóatl-Ehécatl. Éste yace de espaldas en el suelo y ya solo se defiende antes de ser derrotado por completo. 

Como todos sabemos, los aztecas no solo bautizaron a Teotihuacan. También a los olmecas ("Los habitantes de la tierra donde abunda el árbol del hule") y a Xochicalco ("En la casa de las flores", o "En la casa donde abundan las flores"). No sabemos en realidad cómo se llamaban, pero su glifo topónimo es una guacamaya encerrada en una jaula. El lego cree que eso quiere decir que el pueblo se dedicaba a criar guacamayas. Yo tengo para mí que no es así:  que sería algo así como "El lugar en donde fue cautivado Gucumatz", o "donde los dioses de la luz son dominados", o algo semejante.







Finalmente, un par de imágenes que me dejaron muy perturbado. Tanto, que no voy a comentar nada aquí, y solo las pongo, confiando en que el que tenga ojos para ver, que vea. Lo perturbador es que estas imágenes ya son del S. XIX d.C., unos cuatrocientos años después de que Moroní hubiera muerto. 

Hay algo que me deja profundamente intrigado. "El señor de rojo" ¿Qué es? ¿Qué simboliza? ¿Por qué el más puro arte abstracto en medio de tanto arte naturalista? No lo sé, y no sé si haya quien me lo pueda explicar. Hasta aquí mis impresiones. Ahora yo te pregunto a ti: ¿Qué opinas tú?

domingo, 4 de octubre de 2015

Los medios masivos de comunicación en El libro de Mormón, y el México contemporáneo



Una de las cosas que más impresionan de nuestro pasado prehispánico, es cierto estilo de pirámides. ¿Para que servía la pirámide del sol, en Teotihuacan? No tengo la más mínima idea: para adorar no sirve: llegas sudado y cansado para la ceremonia. Para dar un discurso desde arriba, el pueblo no te escucha ni con mi voz, de micrófono integrado. ¿Para gobernar y dar audiencia al pueblo? ¿Cómo? Una vez más, la inmensa mole de la pirámide del sol era todo, menos funcional, creo. Serviría como tumba real acaso, o como mero monumento, acaso. Yo tengo para mí que la pirámide del sol era un poquito como la Estela de Luz de Calderón: un monumento a la nada (o al poder militar, que no es lo mismo que nada, pero es igual), porque en realidad no veo cómo podría servir de algo. 

Y casi, casi, se puede decir lo mismo de “El Castillo”, en Chichén Itzá, salvo que allí el efecto sonoro lo salva: Llamas al dios con un aplauso, y él te responde con el grito del quetzal(cóatl). Nada más por eso, por la idea idéntica al simbolismo de la estrella de David, creo yo, se justifica la construcción de la pirámide del Castillo. En cambio, uno va a Tula, y ves un diseño acústico en la ciudad: una pequeña pirámide en el centro, rodeada de grandes construcciones, y si uno habla desde esa pequeña pirámide se escucha perfectamente en todas partes. 


Claro, estoy hablando de construcciones que están muy lejanas de los pueblos del Libro de Mormón, así que vayamos hacia el sureste mexicano. Cuando uno va a las tierras que habitaron los lamanitas (Xpuhil, sería mi ejemplo perfecto, pero igual está Tikal, o la pirámide del enano en Uxmal, o Cobá, cuyas pirámides se elevan sobre la selva), uno ve pirámides altísimas, de construcciones casi verticales, desde donde se podía hablar con claridad al Pueblo. En Xpuhil las escaleras son simuladas. Para subir a la parte superior de la pirámide uno sube por una escalera interior, a la que uno accede por un costado de la pirámide. Desde arriba uno tiene una vista impresionante y uno podría dar un discurso tipo rey Benjamín, y con ello entramos a nuestro tema. 

En el Libro de Mormón tenemos varias ocasiones en que se da la comunicación masiva. La primera conferencia general de los nefitas está registrada en 2 Nefi 6-10. Desafortunadamente no tenemos los detalles circunstanciales de cómo se dio, cuántos asistieron, la logística empleada para llegar a todo el pueblo. Solo sabemos que Nefi hace un paréntesis en su historia para compartirnos estas palabras de su hermano menor, Jacob. 

La segunda gran conferencia que tenemos fue al final del reinado del rey Benjamín. Y para este propósito él no solo hizo subir al pueblo “hasta el templo”, sino que “hizo construir una torre, para que por ese medio su pueblo oyera las palabras que él les iba a hablar.” (Mosíah 2:7). Con ello, creo, tenemos el primer empleo de los medios masivos de comunicación entre los nefitas. Construir una torre para hablar desde ella, para que las ideas de alguien llegue a todo el pueblo, es el equivalente de nuestras actuales torres de telefonía, radio y televisión. La analogía con el presente no es fortuita, y te pido que la mantengas en tu mente. La torre del rey Benjamín sería algo así como todas esas torres que están sobre el cerro del Chiquihuite, me imagino. 

Y después de eso, los nefitas se olvidan de hablar a la gente empleando los mass media, hasta la bien entrada la siguiente generación, que los usan casi al mismo tiempo los lamanitas y los nefitas.
Veamos primero a los lamanitas. En Alma 48: 1, 2, se lee: “Y aconteció que en cuanto hubo logrado Amalickíah el reino, empezó a incitar el corazón de los lamanitas contra el pueblo de Nefi; sí, nombró algunos hombres para que desde sus torres hablaran a los lamanitas en contra de los nefitas. Y así incitó sus corazones en contra de los nefitas…” Imagínate en el presente a un gobierno que emplea torres de comunicación para transmitir ideas en donde continuamente se habla mal de alguien para dividir a la nación e incitar a la nación a la ira. ¿Te cuesta trabajo imaginarlo? No, porque lo vemos todos los días: eso es lo que hizo Amalickíah, y eso es lo que hace el actual gobierno de México, donde se engaña a la población, se omiten los grandes errores de nuestro presidente, se nos pintan como grandes éxito lo que no es tal, y a los que se oponen al sistema se les dibuja en blanco y negro, como gente a la que sería muy bueno pasarlos por las armas: las autodefensas, los maestros que se manifiestan en contra, los 43 de Ayotzinapa y sus padres.
Lo que hacía Amalickíah, lo que hace actualmente el gobierno, era lavarles el cerebro a los lamanitas con ideas falsas para alcanzar un determinado propósito. ¿Cuál era ese propósito?: “pues había [1] endurecido el corazón de los lamanitas y [2]cegado sus mentes, y [3] los había incitado a la ira... Porque estaba resuelto, debido al crecido número de los de su pueblo, a subyugar a los nefitas y reducirlos al cautiverio.” (Alma 48: 3, 4).

¿Qué hace Televisa, Milenio, o, más específicamente, Joaquín López Dóriga, Adela Micha, Ciro Gómez Leyva, etc.? Endurece el corazón de la gente para que no veamos el dolor de los padres de los 43, ciega nuestras mentes, para que cuando alguien nos explique la verdad, no la creamos y, 3, divide al país, siembra la ira entre los mexicanos. Basta con leer un diario en la red, y ver cómo los comentarios están divididos, polarizados, llevados a la ira extrema. Los medios masivos de comunicación, tal como los empleaba Amalickíah era tan un lavado de cerebro, como lo es el que hacen las televisoras hoy día. Es adoctrinarnos y hacer que tomemos la mentira como verdad, y viceversa. 

Ahora veamos la manera que utilizó el capitán Moroni los medios masivos. Como todos sabemos: “Y sucedió que rasgó su túnica; y tomó un trozo y escribió en él: En memoria de nuestro Dios, nuestra religión, y libertad, y nuestra paz, nuestras esposas y nuestros hijos; y lo colocó en el extremo de un asta.” (Alma 46:12). 

La gran diferencia entre Moroni y Amalickíah es que éste engañaba, mientras que las tres primeras palabras del estandarte de la libertad nos llevan a esto: Recuerda quién eres, lo que te conforma como individuo, tus valores. Tomar consciencia de lo que estaba en juego en esa guerra era vital, porque eso sería el principal motor en esa guerra, y en esa guerra intervenían tres cosas: 1. Sus creencias religiosas: “nuestro Dios, nuestra religión”. 2. Sus compromisos sociales: “y libertad, y nuestra paz”. 3. Sus familias: “nuestras esposas y nuestros hijos”. La religión del capitán Moroni, me queda muy claro, era una religión de lucha social. 

De nuevo, si ondeara hoy día el estandarte de la libertad en todas las capillas, más de uno batallaría para aceptar el punto dos, porque entre los SUD nos hemos comprado esa idea de que no debemos meternos en política ni debemos tener compromisos con nuestra sociedad, con nuestro país.
Si el capitán Moroni viniera hoy y te preguntara qué has hecho en cuanto al punto dos para proteger tu libertad y la futura paz de tus hijos, ¿qué le dirías acerca de cómo percibes al doctor Mireles, a Nestora Salgado, a Felipe Álvarez, ¿podrías sostenerle la mirada? No hablo del apoyo que das a los movimientos que se rebelan en contra de la dictadura del PRIANRD, sino simplemente de cómo los percibes. 

Allí están las dos realidades, hoy por hoy: las torres de los medios masivos, y el estandarte de la libertad. ¿A cuál decides seguir?

Yo quiero que mi hija se case con el capitán Moroni



Todo lo que hacemos tiene una determinada ideología, responde a ciertos conceptos que hemos elaborado y que por lo general responde a las circunstancias que nos rodean, y es una manera de aceptar, o cuestionar, o mediar, con la manera en que nuestros contemporáneos ven al mundo.
Pongo el ejemplo concreto. Por muchos años en Europa se dio el cuento fantástico popular. Allí se nos plantea una manera de ser de la mujer, y es una visión muy rica, es la visión del pueblo (y es una lástima que eso o no exista, o se haya perdido en los pueblos de América en la época de la Colonia. ¿Había una cultura de relato oral? ¿O era tal el afán de callar lo que era autónomo a la Iglesia, que se les dejó mudos por siglos? No lo sé). En esta visión de la mujer caben muchas mujeres: la mujer a veces es cruel, taimada, o inocente, o envidiosa, o sensual y sexual. En los cuentos reunidos por Calvino, Afanásiev, los Grimm, hay de todo tipo de mujeres. 

El problema empieza cuando viene una especie de democratización del cuento popular. En el cuento fantástico popular hay mujeres de todas las condiciones sociales, pero entonces, en algún momento de la historia, a alguien se le ocurre la idea de que todas las mujeres son princesas, y eso elimina la rica variedad de mujeres que aparecen en el cuento fantástico popular. Si todas las mujeres son princesas, todas las mujeres deben comportarse como tales. Esto es muy conveniente, porque estandariza y cuando estandarizas es mucho, mucho más fácil dominar. Y no es que quiera ver la vida como una constante lucha de clases, muy a la Marx, sino simplemente que uno poco a poco es consciente de que la historia de este planeta es la historia de una interminable variante de opresiones sociales. 


Así que de repente todas las mujeres son princesas, aunque sean muy pobres y nunca en su vida vayan a batallar por simplemente conservarse dentro de la casi inexistente clase media. Y de eso a que un sumamente astuto comerciante (Walt Disney) nos venda su concepto de “Princesas de Disney”, hay solo un paso. Y sí: afortunadamente existe Pixar, y también las princesas evolucionan. Por fortuna están Bella —que lee, piensa, y no busca solo el aspecto físico—, o Mérida —que se sale por completo del molde de las otras princesas— pero lo cierto es que en general la idea de las princesas de Disney es mala, como es mala la idea de que toda niña es una princesa, porque esta idea genera conductas y expectativas. Expectativas que no se cumplen, y conductas que llevan a las niñas a la espera pasiva de que llegue un príncipe (es decir, un joven que tiene que ser físicamente atractivo, rico y noble) que les solucione la vida. 


Esto genera un esquema que causa mucho daño en hombres y mujeres. El arma o anzuelo o papel —para ellas— del papel de “la damisela en peligro”, y donde uno como hombre es educado para responder como “el hombre caballeroso que debe ayudar”. A ellas las hace pasivas y, cuando son conscientes de que esto puede ser un arma-anzuelo muy efectivo, una perfecta trampa para hombres, les da una herramienta poderosa de poder. Y al hombre le puede dar nobleza, pero cuando no es consciente de que se usa con intención, lo vuelve la víctima perfecta. Por un deber ser, cae facilito en las garras de quien sepa emplear esa estrategia.

Pero bueno, regresemos al tema. Evidentemente esta idea de las princesas de Disney no solo es una manera perfecta de exprimir el bolsillo de los papás de niñas pequeñas, sino que aparte genera conductas que no son las que un padre consciente desea para sus hijas. Diferentes padres del mundo tratan de rebelarse contra este esquema de crianza de sus hijas y lo hacen de diferentes maneras. Y de repente en la Iglesia a alguien se le ocurre dar el salto y —sintiéndose muy espiritual— cambiar la imagen del príncipe azul, por la imagen del capitán Moroni. Me imagino que, al fin y al cabo, hasta nos lo podemos imaginar montando a caballo, ¿no? Es el príncipe encantador con una cualidad más, que domina sobre las que tiene el príncipe común y corriente: es espiritual. 

El gancho es perfecto. Lo curioso es que la imagen que tenemos del capitán Moroni por lo general es sesgada. Mormón, que tuvo acceso a mucha información que nosotros no tenemos, lo ve a la distancia y aunque lo admira (no en balde le pone ese nombre a su hijo), nos indica que el capitán Moroni era irritable, intolerante y se desesperaba: “Y Moroni estaba irritado por la terquedad de los lamanitas” (Alma 44:17). En cambio, descrito por alguien que lo conoció de cerca y lo admiraba mucho (Helamán), el capitán Moroni era prácticamente un símbolo de Cristo: 

“Sí, en verdad, en verdad os digo que si todos los hombres hubieran sido, y fueran y pudieran siempre ser como Moroni, he aquí, los poderes mismos del infierno se habrían sacudido para siempre; sí, el diablo jamás tendría poder sobre el corazón de los hijos de los hombres” (Alma 48:17).
Claro, esta es una imagen parcial del capitán Moroni. Si me permiten, veamos una imagen más completa de este hombre extraordinario en ese mismo capítulo, vv. 11-13 (el subrayado es mío):
“Y era Moroni un hombre fuerte y poderoso, un hombre de un entendimiento perfecto; sí, un hombre que no se deleitaba en derramar sangre; un hombre cuya alma se regocijaba en la libertad e independencia de su país, y en que sus hermanos se libraran de la servidumbre y la esclavitud; sí, un hombre cuyo corazón se henchía de agradecimiento a su Dios por los muchos privilegios y bendiciones que otorgaba a su pueblo; un hombre que trabajaba en gran manera por el bienestar y la seguridad de su pueblo. Sí, y era un hombre firme en la fe de Cristo; y había jurado defender a su pueblo, sus derechos, su país y su religión, aun cuando tuviera que derramar su sangre”. 

Moroni era un hombre al que se le habría ido la boca de lado si viera cuántos de los hermanos de la Iglesia hoy día son política y socialmente apáticos; que defienden la teoría del esfuerzo individual, que son clasistas y racistas, y llaman “Chayros”, o "Pejezombies" a los que luchan por su patria (porque para muchos, cualquiera que critica al gobierno, auqnue AMLO no tenga vela en el entierro, ya es un "pejezombie"). Moroni, si hubiera nacido en el mi país, en mi época, estaría luchando por la vía armada en contra del gobierno de Enrique Peña Nieto, o estos versículos están hablando de otra persona o, si estoy equivocado, por favor que alguien me corrija.